jueves, 23 de enero de 2025

¿Ictus?

 

Qué es un ictus?

El ictus es la interrupción de la circulación de sangre que llega al cerebro debido a que un vaso sanguíneo se ha roto o ha quedado taponado. Cuando esto ocurre, la sangre no llega a una determinada zona del cerebro, de modo que las células nerviosas afectadas no reciben oxígeno y mueren. De ahí, la importancia de actuar. Profesionales y pacientes te explican cómo se convive con la enfermedad El 80% del riesgo de un ictus se puede evitar con hábitos de vida saludables, como seguir una dieta sana y hacer ejercicio físico de forma regular, para reducir la obesidad y el consumo de tóxicos. Es una enfermedad complicada. Puedes tardar meses...años...en recuperarte, pero sales adelante. Es importante apoyarte en el equipo médico y en la gente que te rodea. Y, sobre todo, no perder el ánimo. 

El término ictus, del latín golpe, se utiliza para describir las consecuencias de la interrupción súbita del flujo sanguíneo a una parte del cerebro (isquemia cerebral, el 85% de los casos) o de la rotura de una arteria o vena cerebral (hemorragia cerebral, el 15% de los casos).Cuando la sangre no llega de una manera adecuada, la función de la parte del cerebro que ha quedado afectada se puede alterar de forma transitoria o permanente. De forma coloquial el ictus también se conoce como derrame cerebral, embolia, trombosis o apoplejía.

Diferencia entre una arteria y una vena

Las arterias son los vasos sanguíneos que llevan la sangre desde el corazón a los tejidos, mientras que las venas son los vasos sanguíneos que llevan la sangre hacia el corazón. Si bien, como consecuencia de la oclusión o rotura de ambos tipos de vasos puede ocurrir un ictus.Los ictus más frecuentes son los ocasionados por la obstrucción de las arterias. La oclusión de una vena intracraneal (trombosis venosa cerebral) puede obstruir el retorno de sangre hacia el corazón, lo que ocasiona una inflamación, lesión cerebral.
Es habitual que se manifieste en forma de dolor de cabeza, con déficits similares a los de los ictus arteriales (pérdida de fuerza o sensibilidad, dificultad para hablar o mantener el equilibrio, alteraciones visuales) y, en ocasiones, con convulsiones.