Cuando yo era joven mi padre
trabajaba en Iberia, la que era la empresa estatal de líneas aéreas de España.
La suerte que yo tenía es que los billetes de avión que yo podía comprar a
cualquier parte del mundo donde iba Iberia, me costaban unas 1000 pesetas nada más.
A partir de que tuve 18 años, y trabajando como músico tocando la trompeta, en
cuanto podía ahorrar, cogía mi mapamundi y escogía a que país me iba a ir a
pasar unos días o una semana. Además, me iba solo sin ningún problema e
incluso, por ejemplo, cuando fui a Costa Rica, sin tener si quiera ningún hotel
contratado antes de ir de viaje. En otra ocasión, como las trompetas buenas las
vendían a mejor precio en New York, me fui dos veces a comprarlas allí. Me
acuerdo de que, por unas circunstancias que no voy a añadir, me tuve que ir al
Bronx a las 9 de la noche en metro, con mi maleta y con la trompeta nueva que
me compré, a esperar a mi nuevo amigo, el que trabajaba en la tienda de música “Mannys”,
que me dejaba dormir en su casa ese día. Tuve que esperarle en la calle 30
minutos al lado del Yankee Stadium y fueron los 30 minutos con mas miedo que he
pasado en la vida.

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